En el peor momento de la Argentina, un grupo de productores agropecuarios puso unos US$600 cada uno para apostar a la biotecnología. Con fuerte anclaje en Rosario, esa apuesta terminó llegando a Wall Street.
Historia
Corría 2001 y el país se caía a pedazos. En ese contexto, 23 productores agropecuarios —muchos vinculados a AAPRESID, entre ellos Víctor Trucco, Gustavo Grobocopatel, Roberto Peiretti y Rogelio Fogante— decidieron poner unos US$600 cada uno para crear una empresa que capturara la oportunidad de la biotecnología agrícola. El temor de fondo era concreto: que los desarrollos del exterior dejaran de llegar a la Argentina.
Ese grupo fundó Bioceres. En 2004 dieron un paso clave con la creación del INDEAR (Instituto de Agrobiotecnología de Rosario), su plataforma de investigación y desarrollo, que ancló buena parte del proyecto científico en la ciudad.
Presente
Bioceres se convirtió en un jugador global de la agrobiotecnología y hoy cotiza en el mercado de los Estados Unidos. Su desarrollo más emblemático es la tecnología HB4, de tolerancia a la sequía, basada en un gen del girasol descubierto por el equipo de la científica Raquel Chan (CONICET-UNL). En 2020, la aprobación del trigo HB4 marcó un hito mundial. Federico Trucco condujo el grupo durante buena parte de su etapa de expansión, hasta 2025.
Perspectivas
En un mundo cada vez más golpeado por la sequía y la presión sobre la producción de alimentos, Bioceres se para en un lugar estratégico: bio-insumos, semillas y tecnología para producir más con menos. La historia de una empresa que nació en la peor crisis argentina y llegó a Nueva York es, en sí misma, una lección sobre apostar cuando todo parece en contra.
Con información de El Cronista, IADE y fuentes públicas.

